Septiembre 2013
—¿Qué te gustaría para tu cumpleaños? —pregunta Christian, su voz ronca mientras su mano acaricia mi nuca.
Nosotros miramos el espectacular atardecer sobre el Sound desde nuestra nueva casa mientras sus dedos hacen su magia. Pero no puedo relajarme. Sé lo que quiero. Pero, ¿lo hará él…? Tomando una respiración profunda, reuno todo el coraje que puedo de mi cuerpo.De acuerdo, aquí va.
—Otro niño. —Mi voz es tan suave como un suspiro.
La mano de Christian se queda quieta por un largo tiempo, mientras mi corazón martillea en mi pecho. Finalmente y lentamente, él me da la vuelta, así estoy mirando a su hermosa e ilegible expresión.
—Tenemos un maravilloso niño —susurra.
—Lo sé. —Levantándome, deslizo mis manos alrededor de su cuello, mientras él permanece quieto, mirádome—. Pero no quiero que Ted sea un hijo único. Yo lo fui. Anhelaba hermanos y hermanas. Tú tuviste ambos. Tú no sabes. —Estoy balbuceando.
Él baja su cabeza hacia la mía, nuestras frentes tocándose, y cierra sus ojos. —Ana, casi mueres.
—Yo no casi muero. Deja de ser tan sobredramático.
—Pero…
—Suplicaré.
—¿Qué?
—Suplicar. Cualquier cosa. —Maldición, sueno desesperada.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Cualquier cosa? —Él levanta sus cejas, sus ojos oscureciéndose, y ese oh-tan-familiar estremecimiento se propaga profundamente en mi interior—. Bueno… eso tiene posibilidades. —Él mueve su pulgar desde mi sien hasta mi mandíbula.
De acuerdo. Dame fuerza.
Lo libero, lista para mi confesión. —He dejado de tomar mis píldoras.
—¿Qué? —Su sorpresa es tangible.
—Tomé el asunto en mis propias manos. Hice una decisión unilateral… pensé… Bueno, después de la última vez… —Mi voz se apaga mientras me doy cuenta que estoy balbuceando otra vez, y que estoy enfrentando a una pared de recriminador silencio.
Mierda.
Él murmura algo, creo que es “siempre a cargo”. Cerrando sus ojos, él sacude su cabeza. ¿Resignado? ¿Enojado? ¿Va a rechazar mi petición? No tengo idea. Mi corazón late con fuerza. No quiero una repetición de la última vez.
Cuando abre sus ojos de nuevo, están ardiendo.
Esto puede ir de cualquier forma.
—¿Quieres otro niño?
—Sí.
—De acuerdo. Vamos a hacer otro bebé.

Septiembre 2013

—¿Qué te gustaría para tu cumpleaños? —pregunta Christian, su voz ronca mientras su mano acaricia mi nuca.

Nosotros miramos el espectacular atardecer sobre el Sound desde nuestra nueva casa mientras sus dedos hacen su magia. Pero no puedo relajarme. Sé lo que quiero. Pero, ¿lo hará él…? Tomando una respiración profunda, reuno todo el coraje que puedo de mi cuerpo.
De acuerdo, aquí va.


—Otro niño. —Mi voz es tan suave como un suspiro.


La mano de Christian se queda quieta por un largo tiempo, mientras mi corazón martillea en mi pecho. Finalmente y lentamente, él me da la vuelta, así estoy mirando a su hermosa e ilegible expresión.


—Tenemos un maravilloso niño —susurra.


—Lo sé. —Levantándome, deslizo mis manos alrededor de su cuello, mientras él permanece quieto, mirádome—. Pero no quiero que Ted sea un hijo único. Yo lo fui. Anhelaba hermanos y hermanas. Tú tuviste ambos. Tú no sabes. —Estoy balbuceando.


Él baja su cabeza hacia la mía, nuestras frentes tocándose, y cierra sus ojos. —Ana, casi mueres.


—Yo no casi muero. Deja de ser tan sobredramático.


—Pero…


—Suplicaré.


—¿Qué?


—Suplicar. Cualquier cosa. —Maldición, sueno desesperada.


—¿En serio?


—Sí.


—¿Cualquier cosa? —Él levanta sus cejas, sus ojos oscureciéndose, y ese oh-tan-familiar estremecimiento se propaga profundamente en mi interior—. Bueno… eso tiene posibilidades. —Él mueve su pulgar desde mi sien hasta mi mandíbula.


De acuerdo. Dame fuerza.


Lo libero, lista para mi confesión. —He dejado de tomar mis píldoras.


—¿Qué? —Su sorpresa es tangible.


—Tomé el asunto en mis propias manos. Hice una decisión unilateral… pensé… Bueno, después de la última vez… —Mi voz se apaga mientras me doy cuenta que estoy balbuceando otra vez, y que estoy enfrentando a una pared de recriminador silencio.


Mierda.


Él murmura algo, creo que es “siempre a cargo”. Cerrando sus ojos, él sacude su cabeza. ¿Resignado? ¿Enojado? ¿Va a rechazar mi petición? No tengo idea. Mi corazón late con fuerza. No quiero una repetición de la última vez.


Cuando abre sus ojos de nuevo, están ardiendo.


Esto puede ir de cualquier forma.


—¿Quieres otro niño?


—Sí.


—De acuerdo. Vamos a hacer otro bebé.